La respuesta que una amante calló

Acerca de lo que me preguntaste aquella vez, la respuesta sigue siendo la misma, pero ahora tengo la valentía de plasmarla y hacértela llegar.

Tal vez por el tiempo que ha pasado desde ese momento hayas olvidado esa conversación, asi que la retomo a como me acuerdo, porque solo puedo darte mi versión.

Era sábado, te despertaste y besaste mi hombro desnudo, tu mano apretó mi cintura y sentí mi cuerpo arder. Yo abrí los ojos entonces, con la sonrisa ligera en el rostro y la mirada idiota de quién cree que despierta porque está vez la realidad es mejor que el sueño. Me acerque a tu cuerpo deseosa de tu contacto y tú quedaste con tu rostro encajado detrás de mi oído y ligero preguntaste ¿Eres mía? A lo que yo giré y plantandote un beso, callé.

Eso parecía una respuesta, pero ambos sabíamos que era una distracción para darme tiempo. Posterior a eso, creo que puedes recordarlo por tu cuenta: el amor, el adiós, el miedo, luego la duda y finalmente la separación. A veces simplemente me reprendo por dejar en pausa el asunto, nos hubiera ahorrado tanto dolor, pero merecías la verdad y la verdad me daba miedo.

Soy tuya. Esa era la respuesta en ese entonces. Pero los meses han enfriado las noches y las noches frías me han puesto a pensar y pensar me ha dejado en claro que, de nada me sirve ser tuya y saberme tuya, mientras tú seas de alguien más. Que nada hubiera cambiado, porque aceptar en ese entonces que me tenías a tu pies como ahora lo acepto, lo único que hubiera causado es que siguieras en ese juego en el que te dividias en dos para dejar de sentirte solo.

Yo era tuya. Sabiendo lo que sabía. Conociendo tus compromisos. Aceptando que mi felicidad condenando a alguien más a la tristeza. Era tuya, a pesar de mi misma y tú eras de ella a pesar de las noches que pasábamos juntos sin dormir.

Es todo, terminaré esto rogándote: por favor, que jamás lo sepa. Por favor, cuando llegue esta carta quemala y no vuelvas la cara al ayer, tienes tu respuesta, guárdala por siempre. Niegame. Toma sus manos, besa sus nudillos y hazle la misma pregunta, veras que ella no titubea porque sabe que el futuro los resguarda. Así que ya sabes, esto es mi respuesta y mi amenaza: pretende que nunca fuimos, porque si a mí me preguntan… si a mí alguna vez me piden que hable de ti… yo les contaré todo.

Autor: Eran

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